viernes, 22 de marzo de 2013

Snailer se ha encogido

Yo tenía una caravana, ¿recordáis? Fue como un sueño, algo corto para que fuera dulce, y casi se convirtió en una pesadilla cuando tuve que recurrir a un abogado para recuperar mi propio dinero. La historia acabó medianamente bien y, aunque a veces la echo de menos (sobretodo cuando tengo que limpiar mi casa), en Southwestern Uganda un caracol tan grande y pesado no tendría función alguna fuera de un museo, así que no me pesa haberla dejado atrás.

Lo que sí me ha pesado, sobre todo cuando he tenido visita, ha sido el no tener ruedas. En un país en el que la idea de transporte público es casi sinónimo de enlatar sardinas en trastos que se caen a trozos y vuelan por carreteras llenas de baches echando fuera de la calzada a cuanto individuo ose haber llegado antes al trozo de asfalto o barro por el que quieren pasar ellos, no tener un coche suponía tener que llevar una vida aún más ermitaña de la que mi naturaleza ha escogido.

Mi hermana viene a verme la semana que viene, ¡bieeeeeeen! No me daba la gana volver a pagar casi 1000 dólares por alquilar un coche en el que la ventanilla no baja o que es una enorme tragadera de fuel. He estado ahorrando para este momento desde que llegué. Me pasé tres días en Kampala persiguiendo RAV4s, más viejos, más nuevos, hasta que lo encontré. Tenía snailer escrito en la frente. Costó verificar que todo estaba bien. La Ugandan Revenue Authority tiene un problema con el sistema informático para gestionar las transferencias de coches y lo que está grabado en la oficina principal, no aparece cuando consultas los archivos desde el centro de Kampala. Yo siempre tengo que encontrar los agujeros del sistema, no matter what. Cuando se vio que todo estaba en orden, cambiamos cromos por llaves y, ¡tachán! Snailer 2.0 está listo para recibir a la pequeña de la familia y a su acompañante y llevarlos de road trip por la bellísima y de nuevo lluviosa Uganda.

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Al salir de Kampala en dirección suroeste, antes de llegar a Masaka, se cruza el ecuador. Es un punto turístico en medio de la nada donde se juntan cuatro casas, un par de tiendas, dos o tres bares y algún hotel. En las horas centrales del día no hay ni una puñetera sombra. Tuvimos suerte y, al parar para una comida un tanto tardana incluso para Spanish standards, había un poco de sombra junto a uno de los bares. Comimos sentadas a metro y medio del coche, no por vigilarlo, sino para no asarnos al volver a subir.

martes, 12 de febrero de 2013

GRACIAAAAAASSSSSSSSSSSSSSSSS

Han tardado en hacer los últimos kilómetros. Se quedaron en Kampala a la espera de que las pudieran traer hasta Ishaka ¡pero ya han llegado! Maleta, bolsa y mochila han llegado cargadas de generosidad a la española, marca España de la de verdad y no sucedáneos políticamente deformados. El archivo de donaciones recibidas por el IBR es ya una laaaaaarga lista, y quiero dar las gracias de nuevo a quienes van llenando nuestro cuarto de materiales y dando vida a las bancadas de nuestro laboratorio.

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Empiezo con la gente de Mejoran porque aún me quedaban cosas por traer de todo lo que nos dieron el verano pasado (la segunda centrífuga costó de traer, pero ya está aquí ¡y funcionando!) ¡Gracias! Al Atlètic Bàsquet Almassora, sobre todo a Raquel, por el material de oficina que me pude traer y todo lo que aún está esperando debajo de la cama para deleite de mi madre (a Uganda o a Mozambique, a algún lugar llegará en los próximos meses y hará felices a un buen puñado de criaturas además de mejorar nuestras vidas) ¡Gracias! A mi familia de Cambridge, Roxani, Silvia y Rafa (y su compañero Chema) que apartaron cuanto pudieron entre mudanzas, viejos cajones y subterráneos ¡Gracias! A Yolanda y las chicas del AINIA, y a sus jefes, que les permitieron darnos no solo los descartes sino los tesoros escondidos en el almacén ¡Gracias! A mi prima Ana la de Huesca, que además de tirar de la hinchada de crowdfunding y ser la pera limonera de las primas, ha sido la primera en soltar pasta en nuestro honor ¡Gracias! A Laura, que pensó en nos cuando vio aquellas libretas ¡Gracias! A Marisa, porque me temo que el verano pasado con el tsunami de actividad no llegué a darle las gracias públicamente por mandarnos vía Cambridge materiales que aún hacen posible que nuestra oficina tenga actividad ¡Gracias! A Mapi, que nos dispensó unos invaluables gramos de botecitos varios ¡Gracias! Y a la gente de la Fundación Medina, en especial a Paqui, que no solo se molestó por pasarse por Madrid y atender a mi charla, sino que me mostró sus instalaciones en Granada, nos regaló cuanto tenía a mano (y ya hay más cosas esperando, esta vez en casa de mi hermana) y sentó las bases de una colaboración en el área de la medicina tradicional que no puedo esperar a ver desarrollarse ¡Gracias! A Noemí también la nombro aquí aunque por cosas de las navidades y la de viajes que implican no conseguí pasarme a recoger lo que había apartado para nosotros. A ver si alguien de la family pasa a recogerlo tarde o temprano y nos acaba llegando. ¡Oh! Y a mi hermana, por llevarme de aquí para allá, por dejarme su coche para ir a por gran parte de las donaciones, por dejarme su maleta para traerlas y por llevárselo todo a su casa y encontrarse conmigo de nuevo en Madrid para que yo pudiera ir haciendo visitas de camino al aeropuerto ¡Gracias!

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Más allá de las donaciones, además de a la Fundación Medina, en este viaje tengo que dar las gracias especialmente a Jorge Saludes, de la unidad internacional del AINIA, por inspirarnos y ofrecerse a dar forma a un proyecto de fortificación de productos locales y alimentación escolar que, de hacerse realidad - y en ello estamos - podría cambiar muchas vidas. Así mismo quiero nombrar a Fernando y la compañía de venta de equipos de segunda mano Galileo, con quienes estamos a punto de cerrar nuestro primer pedido en condiciones muy favorables difíciles de encontrar en estas latitudes. Por supuesto, a Juanba y su gente en Mejoran, por hacer posible la charla en el PCM  con la inestimable ayuda de Natalia, dando lugar a los contactos con la Fundación Medina y Galileo, además de con otros grupos y empresas que quizá en un futuro puedan convertirse en colaboradores. También les agradezco su tiempo, sus sinapsis, y su interés a Antonio Granell y a Mª Pilar López Gresa, del IBMCP en la Politécnica de Valencia, a Francisco Galindo Honrubia de la UJI y a Ana Blanco de Genera Biotech.

De los bolis y la asociación recientemente constituida para canalizar ayudas y acciones recaudatorias varias os hablo en el próximo post.

CaracolCaracolCaracol¡¡¡GRACIAS!!!CaracolCaracolCaracol

lunes, 28 de enero de 2013

Casi

La imagen podría haber competido en ternura con los gestos de aquellos gorilas que me arrancaron las lágrimas en Bwindi. Dos leonas caminaban por la pista de tierra, apenas cien metros más allá de la “puerta” de la zona de servicios del Queen Elizabeth. A escasos metros, tras ellas, un cachorro. Despreocupada (o despreocupado), segura de estar a salvo, protegida por sus madres. Se me abrió la boca y empecé a jurar. No sé por qué, siempre me pasa, se me juntan los tacos con las cursiladas, por eso, en general, prefiero quedarme callada contemplando y, tras el shock inicial, eso hice. Reduje a primera y a paso de tortuga me aproximé tras tomar un par de fotos en la distancia. Tras el subidón inicial, vi que el cachorro llevaba una botella de plástico en la boca Corazón roto y se me cayó el alma a los pies. Una semana antes había parado el coche en medio del parque de Mburo para recoger una botella de refresco que estaba demasiado cerca como para dejarla atrás, y me dolió el estómago cada vez que pasé una sin parar, porque llevaba gente conmigo, porque no puedo pretender limpiar de plástico cada rincón de cada lugar que visito… Mi gente se ríe de mí cuando lo hago en nuestros paseos, “relájate, Marta, no se puede llegar a todo”. Pues a lo que queremos sí que llegamos… Las leonas subieron a un montículo y se ocultaron tras la hierba. Una de ellas nos regaló su estampa descansando junto al camino, incluso se puso panza arriba en plan gatito. No, no dejé que la dejadez e ignorancia de alguno me impidiera disfrutar de la escena. Le hice fotos hasta la saciedad, y dimos tiempo a que la otra leona y la pequeña criatura salieran de su escondite. De nuevo paseaban a nuestro lado, a escasos cinco metros, pasando de nosotras completamente. Me volví a cabrear Echando humo. Mirad la foto y sabréis por qué.

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Espero poder seguir siendo la pesada de vuestras vidas, espero poder seguir pareciéndoos un estrés de mujer, espero poder seguir dándoos la tabarra en muchos paseos futuros, y espero poder seguir haciéndolo hasta que ante cualquier gesto antiecológico os acordéis de mí y cambiéis vuestro hábito. La Tierra es de todas las especies que la habitan. Dejemos de ser vagos y de procrastinar. Nuestros ordinarios gestos de cada día nos permitirán disfrutar de escenas extrordinarias cuando menos lo esperemos, sin basura que estropee la foto Paz.

(sí, yo también tengo alguno de esos hábitos que hace falta erradicar, pero yo vivo 24 horas al día con esta pesada que escribe, así que dejadme que esta vez me dirija a vosotras)

lunes, 21 de enero de 2013

Primer workshop del año

 

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Bienvenida…

Lunes, intentando volver a trabajar. Me despierto y no hay electricidad. Hoy no hay café. Vamos a lavar los platos... la pila decide que no traga más agua y la echa toda fuera con muy malos modos. Lentamente, el fontanero llega hasta casa. Lentamente, decide qué es lo que hay que hacer. Pagamos. Se va diciendo que va a volver. Esperamos. Seguimos esperando. Mientras tanto voy rascando tarjetitas y marcando números laaaargos como churros para ir metiendo dinerito en la SIM. Hoy han hecho falta ocho para llegar al saldo necesario para tener acceso semidecenteydemasiadocaro a internet. Seguimos esperando. Una vez recargada la SIM pongo el módem en el ordenador y vuelvo a instalar el software de Orange everywhere (antes de las vacaciones me cabreé con ellos y lo desinstalé todo; sigo cabreada, pero no hay muchas opciones; por eso el servicio patatero que dan es de lo mejor que hay). Seguimos esperando… Ya se ha instalado todo. He descargado todos los mails y no hay demasiado trabajo acumulado. El que hay ya estaba acumulado antes de empezar a venir para acá hace ya una semana. Domingo noche en el tren. Lunes en Granada. Visita a la Fundación Medina. Impresionante. Visita a Carol. Martes tren a Madrid. El cuerpo me dice que me lo tome con calma y no vaya a visitar Mejoran, así que no voy. Visita a Leti. Miércoles al aeropuerto y noche en la gélida Bruselas. Visita a Almu. Jueves vuelo a Entebbe con la tropa italiana, coche demasiado pequeño para tanta maleta llena de generosidad española, y noche en Kampala. Qué calor hace en Kampala… Viernes todo el día buscando un coche de alquiler. Lo conseguimos a última hora y pasamos una noche más en la sofocante Kampala. Sábado, carretera a Ishaka. El viaje se hace duro. Calor, muchas obras, qué ganas tengo de que acaben esa carretera… Foto en el ecuador, algo fresquito y seguimos. Paradita en Mbarara para hacer un poco de compra. El domingo volvemos hacia atrás para visitar el lago Mburo y sus cebras. Qué bonitas son las cebras… Por la noche estamos rendidos. Cena a la ugandesa: beans, rice. Cuesta dormir. Demasiadas cosas en la cabeza y en cuanto abro un ojo me desvelo. Me hago mayor. Seguimos esperando al fontanero. Voy a asumir que hoy el sofá además de mi cama es mi despacho. Besos.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Días de documental

Ya se fueron por donde vinieron las dos perlas que me han sacado del caparazón estos días. Ha sido intenso; apenas hace dos días que se fueron y ya parece otra vida. Hicimos kilómetros por un tubo y, aunque media Uganda ni la tocamos, a la otra media se puede decir que le dimos un buen repaso.

Nos trajeron otra maleta de solidaridad española que nos vendrá la mar de bien en el laboratorio, me cortaron el pelo, y juntas nos fuimos de roadtrip por Uganda. Viajamos a Jinja a bajar el Nilo, al lago Mburo a perdernos por aquellos caminos, y a las cataratas Murchison que, si bien en el  mapa parecen cercanas, están a muchas horas de carreteras ugandesas.

Como siempre, una imagen vale más que mil palabras, así que mejor no os aburro y os dejo algunas fotitos de lo que hemos visto estos días. A las que os he mandado algunas por Whatsapp os sonarán, pero al menos aquí las podéis ver un poco más grandes que en el smartphone.

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Para las que insisten en que me quieren ver, ahí va una en la que salgo yo; y esta vez no estoy colgando de una cuerda Sonrisa.

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Casi se me olvida, también me trajeron mermelada artesana made in Codos by mis papis que, si un día de estos me levanto y tengo luz en casa para calentarme un vasico de leche, no tardará en caer ¡GRACIAS!

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PD: Si alguien quiere alguna foto en tamaño decente que me la pida. Si intentara subirlas en tamaño original no lo conseguiría en la vida con esta conexión y, además, me quedaría sin airtime en un bufit (aún con las fotos pequeñas ya le he dado al botón veinte veces y no lo he conseguido todavía…).