- a) me pueda traer yo en algún momento (en general solo hace falta una conexión hasta España, de allí ya las recogeré yo de alguna manera, pero incluso si ea conexión no es obvia, la podemos conseguir; yo viajo mucho, y si no voy a ir donde tú estés, encontraremos a alguien que nos conecte).
- b) sean valiosas y difíciles de obtener desde aquí, aunque sean grandes. A estas les buscaremos una forma de envío que no nos cueste un ojo de la cara.
jueves, 19 de abril de 2012
¡Graciaaaaaasssssssssss!
miércoles, 18 de abril de 2012
Ideas para que me ayudes a montar un laboratorio en África
-
Cuando vayas al banco, al bar, al IKEA… si hay bolígrafos, lápices, memory sticks, libretitas de publicidad, coge uno para nosotros. Cuando nos veamos me los das y yo los traigo.
-
Cuando acumules puntos al hacer compras con tu tarjeta de crédito, echando gasolina o siendo fiel a cualquier otra compañía de las que ofrecen la oportunidad de canjear fidelidad por cosillas más o menos útiles, busca en el catálogo algo que nos pueda servir en estas latitudes ecuatoriales, un destornillador, una taladradora, un organizador de escritorio… Igual que antes, estas cosas no merece la pena meterlas en un sobre y pagar más de lo que valen por el envío. Si nos vemos yo lo traigo, si no, mejor juntar dinero que no pesa y estas cosas las podemos comprar aquí.
-
Cuando se te esté acabando el celo, o la goma de borrar, o la tinta del rotulador para pizarra blanca, o el paquete de folios… y vayas a comprarte otro, cómpranos uno a nosotros o, mejor aún, echa el dinero en un bote y háznoslo llegar cuando juntes un poco más.
-
¿Recuerdas todas esas libretas a medio usar que tienes acumulando polvo en algún rincón de tu habitación? Arranca las hojas que te sirvan y mándanos el resto.Esto de momento lo vamos a dejar fuera porque no tenemos una forma de transporte fácil y barata, pero tenedlo en mente. -
Ya sé que el mundo está en crisis pero, si te quieres mojar un poco más, puedes subvencionar la tesis de maestría de uno de nuestros estudiantes de master. Ellos ya tienen un salario porque, mientras estudian, son también profesores en la escuela de medicina. Lo que nos hace falta es dinero para comprar los materiales y reactivos que necesitan para realizar sus proyectos de investigación.
-
También nos puedes subvencionar una línea de gasto concreta del laboratorio durante un tiempo, como el acceso a internet (esto nos urge ¡¡y mucho!! tarifa plana con un router que aguante cuatro o cinco ordenadores nos cuesta 90€ – $120 – al mes), el papel para la impresora (tratamos de reducir el uso de papel al mínimo imprescindible, no imprimimos artículos ni documentos que no sean definitivos, pero aquí hay muchas cosas que no están informatizadas y hace falta enviar documentos físicos a otros departamentos para conseguir que las cosas pasen), la comida para las moscas, o la realización de alguna mejora que nos hace falta en el laboratorio, desde una puerta con cerrojo hasta las mosquiteras que nos librarán de encontrar el laboratorio lleno de termitas muertas después de cada tormenta, pasando por el acondicionamiento de una pequeña habitación oscura para el microscopio de fluorescencia que fue donado en 2011 por la Universidad de Cambridge.
-
¿Bebes muchos refrescos? Entérate de si tu marca favorita ofrece la posibilidad de conseguir donaciones por la recogida de botellas, latas, tapones de plástico o chapas. Lo mismo con cualquier otro producto que consumas habitualmente y que tenga cierto impacto ambiental. Recuerda que lo puedes vender como una contribución al medio ambiente y al desarrollo de un país necesitado. Si la compañía que vende el producto no responde positivamente, prueba a comunicarte con alguna ONG que trabaje por el medio ambiente.
-
Monta tu propia cuadrilla de revalorización de residuos. En algunas ciudades es posible obtener un pequeño incentivo económico a cambio de algunos de los productos que descartamos como basura o reciclaje (papel, chatarra, botellas de cristal, móviles viejos y otros elementos electrónicos, cartuchos de tinta, bolsas de plástico…). En algunos casos es tan fácil como llevarlos a la tienda de la esquina. Lo que una persona sola puede recoger generalmente no vale la pena (con eso juegan las empresas que hacen dinero quedándose con la basura de ciudades enteras) pero si juntas un equipo podéis organizaros y recoger algunos productos concretos en todas vuestras fincas, quizá en algunos colegios y tiendas del barrio os echen una mano. Habla con asociaciones de vecinos, de padres o de alumnos, por pequeña que sea la suma que reunáis, aquí nos llegará como agua de mayo.
-
Si eres ingeniero o estudiante de ingeniería puedes venirte de visita - con la excusa te montas un safari por Uganda - y diseñarnos la estructura de paneles solares para proveer de energía eléctrica sin cortes al laboratorio. También te invitamos a estudiar la posibilidad de extraer energía de las trombas de agua que caen continuamente sobre nuestros tejados, no solo nuestro edificio sino los démás bloques del campus, el hospital, y todos los edificios de apartamentos en los que KIU hospeda a sus trabajadores.
-
Y lo más barato de todo, ayudanos a extender el rumor, a llegar a alguien que nos pueda ayudar. Esto no es una ONG, al menos de momento, para lo bueno y para lo malo. No tenemos el respaldo de equis años de historia haciendo el bien, pero tampoco tenemos una carga burocrática o de intermediarios que exigüe los fondos antes de que lleguen a su destino. Esto soy yo, Marta, a quien conoces o de quien has oido hablar seguramente a través de alguien que me conoce - o no estarías leyendo esto - y pondré cada céntimo en el laboratorio, y te enseñaré los recibos y los balances de cuentas, y haré fotos, y te hospedaré en mi casa si quieres venir a verlo, y te haré un hueco si quieres venir a hacer algo con tus propias manos, y te agradeceré cada miga de ayuda con cada una de mis células.
-
Cuando veas una micropipeta abandonada en un cajón que nadie va a volver a usar porque ya no es de fiar, guárdanosla.
-
Cuando cambiéis el sistema de electroforesis y los portageles viejos ya no valgan para las cubetas nuevas, ¡guárdanoslos!
-
¡Consíguenos libros! Cualquier manual de laboratorio, compilación de protocolos, manuales de genética y de Drosophila, libros de texto de cualquier materia relacionada con la biología y la biomedicina (y si estás dando clase y se lo pides a las editoriales puede que te los den gratis). Si la copia que tenéis en el labo está muy vieja, pregúntale a tu jefe si puede comprar otro y enviarnos el viejo.
-
Pregunta por el almacén de tu universidad o instituto, donde van a parar los objetos que ya nadie quiere usar por viejos o desfasados. Busca fuentes de electroforesis, espectrofotómetros, lupas para trabajar con moscas o C.elegans, balanzas, incubadores, refrigeradores, thermo-blocks, water baths, ordenadores… Averigua cuál es el modo de obtener una donación por parte de tu institución y si aportarían los gastos de envío en caso de ser algo grande que no me pueda llevar yo en una maleta. Si ellos no lo cubren, haz un poco de campaña para conseguir sufragar los gastos.
-
Cada vez que un representante de una casa comercial te pida tiempo para contarte las virtudes de algún producto, pídele a cambio una donación de muestras para nosotros. Nos vendría bien cualquier producto de plástico (tubos de 1.5 ml, conical tubes, puntas…), pequeñas herramientas (morteritos de plástico, pinzas, bisturís…), kits de extracción, pequeñas muestras de reactivos, anything!!!
-
Si encuentras cualquier fuente de financiación para colaborar desde tu país con países en vías de desarrollo en materia de investigación o educación superior, piensa en un proyecto en el que podamos trabajar juntos. Desde aquí haremos todo lo que sea necesario por nuestra parte: apoyos institucionales, cesión de instalaciones, publicidad y logística del evento… Yo, si quieres venir a hacer algo aquí, sobre el terreno, te alojo en mi casa.
domingo, 15 de abril de 2012
Mirando por la ventana
Esto borra de la mente tantas frustraciones como el partido de fútbol de los viernes por la noche en San Diego.
jueves, 12 de abril de 2012
Hello, how are you?
El asunto sobre el que escribo hoy es algo a lo que no me acostumbré en los dos años que viví en Inglaterra y que, pese a llevarlo mejor durante mi estancia en California, tampoco llegué a controlar muy bien. Me seguía quedando con la palabra en la boca, girándome en medio de un pasillo o una escalera, parándome para entablar una conversación, aunque fuera breve, cuando la otra parte ya estaba de espaldas, metros más allá, ajena a la cómica escena que debaja tras su estela.
Un estudiante de doctorado alemán muy avispado y altísimo lo describió de un modo que me pareció muy acertado y me hizo sentir un poco menos tonta, o al menos más acompañada, por todas las veces que caí en el error. Lo describió algo así como una fórmula de salutación, que no un iniciador de conversación, mientras hablabamos de diferencias culturales que pueden llevar a malentendidos sin haber mala intención por parte de nadie.
El anglosajón hello, how are you? Se traduciría literalmente como un Hola, ¿cómo estás? “¿y qué tiene eso de raro?”, diréis. Pues así, de entrada, nada, pero cuando tienes en cuenta que en el noventa y nueve coma noventa y nueve por ciento de las ocasiones no tienen ningún interés en saber cómo estás y, como describo más arriba, aún no han acabado la frase y ya están a metros de distancia, la traducción no literal pero más correcta para un castellano parlante se quedaría en un Hola, y punto.
Como digo, no es cosa de enfadarse, si no de acostumbrarse. Donde fueres haz lo que vieres, y no hay mucho más que trillar. Lo malo es que el asunto se ha complicado un nivel más al venir a esta antigua colonia británica ahora dejada a su buena fortuna por el gran imperio, donde el lío de la fórmula se mezcla con el hecho de que es segunda lengua y, como a todo hijo de vecino, la lengua local impregna a la ocupante haciendo surgir combinaciones a veces llamativas, y se le añade el aderezo de que aquí soy la musungu. Cuantas veces más me pasará lo de ayer…
De repente la chica a la que adelantaba por el camino, que parecía llevar su vestido de fiesta de guardar al igual que sus acompañantes – era lunes de Pascua –, se pone a mi altura. Me mira. Mira hacia atrás. Sigue a mi altura.
- Hello, how are you?
Sin mirarme, claro, y quedándose un poco atrás, pero es obvio que me lo dice a mí.
- I am fine, thank you, and you? – digo tratando de que mi voz salga más allá de mi garganta y girando la cabeza para hacer un mínimo de contacto visual, si no directo a los ojos sí al menos para incluirla en el espacio físico donde se estaba dando la conversación.
Risas, se tapa la boca, se va hacia atrás hablando entre risotadas con sus compañeras de camino que están a medio metro de mí. No se corta un pelo: se está partiendo de risa. Parece estar comentando la jugada, pero no sé si se ríe de vergüenza, o porque venció esa vergüenza, o porque le he contestado, o porque tengo un acento muy raro, o porque una de las dos, o ella o yo, debe ser marciana…
En los pocos días que estuve en España antes de venir a Uganda me dió tiempo a comer en casa de una buena amiga en Barcelona. Nos conocimos en Italia, de manera basatnte random, donde ella vivía en aquel tiempo y donde encontró para mí la buhardilla en la que escribí mi tesis. De postre, a escasos metros de la Sagrada Famlia, me comí un Bacio, un bombón italiano que viene envuelto con refrán escrito en cinco idiomas.
Los amigos son esas raras personas que te preguntan cómo estás y luego escuchan la respuesta.
martes, 10 de abril de 2012
Too much Coke
miércoles, 4 de abril de 2012
Un cachirulo por bandera
Me da que hoy me paso de ambiciosa y esta entrada no va a conseguir subir a la red jamás… pero lo mínimo es intentarlo. Si la conexión me lo permite, os dejo aquí unas fotos de mi nueva morada.
Mi piso es el de arriba a la derecha. Vivo en el complejo Lagos (creo, porque no he visto ningún cartel), propiedad de KIU, a diez minutos del campus. Del trabajo a casa me lleva un camino de tierra con una subida y una bajada así que, vaya en la dirección que vaya, no me escapo de quedarme sin aire. Dos bloques más allá, acá en la foto, vive uno de los estudiantes de doctorado que se empeñan en hacerme la vida más fácil. Otro bloque más allá, mi jefe, que anda estos días hasta las cejas de faena. Me encanta la combinación de azul, blanco y verde que me rodea en cuanto brilla el sol…
Las fotos las tomé al llegar, así que hoy en día las cosas son un poco diferentes. Mi cama tiene ahora cuatro postes clavados a las esquinas que mantienen una mosquitera tan tensa que me las veo y me las deseo para entrar y salir (cuando yo digo que me cuidan demasiado…). Tan tensa estaba que uno de los palos se ha quebrado, jeje, es ahora un mástil semi-caído, pero yo creo que así hace mejor su función. Al menos puedo entrar y salir sin serpentear.
La habitación de invitados/ despacho/ cuarto para todo parece ahora más espaciosa porque he volcado la cama contra la pared. Todos los trastos de las fotos han encontrado ya su sitio en los dos enormes armarios empotrados de las habitaciones. Tengo tanto sitio que no sé qué hacer con él. Se aceptan visitas…
Bueno, vale, todos los trastos menos los que han encontrado “su sitio” sobre la mesa del despacho. Lo de la caja de vasos es parte del arte de reusar: los vasos están en la cocina y ahora los mil cables y cablecitos que de otro modo irían perdidos por ahí, duermen entre cartones. Llegará la era inalámbrica… La caja de los cubiertos también ha ascendido a cajón en mi armario. La cosa esa con disfraz de vaca es la única linterna recargable que había en el súper en Kampala. Made in China, of course. En realidad el desastre no es tanto. Todo lo de la derecha acabará en el laboratorio uno de estos días. Me he propuesto que los del fondo a la izquierda van a ser todos los libros físicos que voy a tener aquí. Me está costando menos de lo que pensaba acostumbrarme a no tocar hojas al leer en el libro electrónico y, gracias a una lamparita que podría ser menos estilosa y más efectiva, me hace compañía hasta cuando hay un apagón, que es casi todos los días en algún momento, especialmente cuando caen elefantes e hipopótamos del cielo (qué barbaridad de agua puede llegar a caer desde las alturas…).
El salón lo presiden un cachirulo a un lado y un pequeño gnomo de piernas largas y gorro violeta (o algo así, que yo soy nula para esto de los colores y los tonos) al otro. Al pasar la mesa a la habitación extra se ha quedado un poco vacío pero, aparte de la mano de pintura que echa de menos toda la casa, no necesita más. La puerta da al balcón; lo que veo desde allí, más abajo.
Para acabar, las vistas desde el balcón de la fachada principal (porque tengo otro detrás sin vistas). Normalmente hay vacas pastando que me recuerdan un poco a cuando vivía en Coldham Lane. Cabras también hay, cabritas más bien, pero esas suelen estar en los bordes del camino, no sé por qué... Los edificios que se intuyen a la derecha son la escuela primaria que abrió el abuelo del dueño de KIU. Los que se ven enfrente son la escuela secundaria que abrió su padre (o alrevés, lo de la derecha el instituto y lo de enfrente el colegio). Detrás de esos árboles está el hospital universitario y la escuela de medicina que dirije el actual jefe de familia. En los entresijos que hay detrás prefiero no pensar, yo he venido aquí a currar y prou, pero no se les puede negar que se esfuerzan por su pueblo…
Sé que mi madre va a volver a decir que nunca pongo fotos mías, así que, ahí va una. Ahora vivo en el hemisferio sur. No por mucho, la verdad, pero vivo por debajo de esa línea imaginaria que recorre la panza de la Tierra. La cruzamos el otro día cuando veníamos de Kampala.
¡Hasta la próxima!